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Inicio arrow Budismo arrow 16 · Los Diez Factores
domingo, 06 de julio de 2008
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16 · Los Diez Factores Imprimir

En varias enseñanzas budistas, el Buda está caracterizado como un ser sobrenatural, cuya capacidad y sabiduría están fuera del alcance de la gente común. Sin embargo, el Sutra del loto revela que no existe separación entre la vida del Buda y la de una persona común y corriente. Un buda es alguien que se ha esforzado en pulir y elevar su estado de vida hasta que su sabiduría, misericordia, energía vital y coraje se manifiestan plenamente. Al respecto, el maestro budista del siglo XIII, Nichiren, escribió: “Mientras es presa de la ilusión, uno se llama “mortal común”, pero una vez que despierta a la verdad, se llama “buda”.

Los diez factores se presentan en el Sutra del loto para definir la realidad fundamental de la vida. “El verdadero aspecto de todos los fenómenos solo puede ser comprendido y compartido por los budas. Esa realidad consiste en apariencia, naturaleza, entidad, fuerza inherente, influencia, causa interna, causa externa, efecto latente y efecto manifiesto, y coherencia del principio al fin”.

Los diez factores son comunes a todos los seres vivientes en cualquiera de los diez estados de la vida, desde Infierno hasta Budeidad. El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, sostiene: “Decir que todos los seres de los diez estados poseen los diez factores […] es nada menos que afirmar que, cuando se ve con los ojos del Buda, no existe diferencia alguna entre la vida de este y la vida de los demás. La iluminación de todas las personas es, por lo tanto, una certeza absoluta”.

Los diez factores explican los componentes esenciales que constituyen  toda forma de vida.

No se puede negar que todos tenemos apariencia; de no ser así, seríamos invisibles. Del mismo modo, es imposible que alguien carezca de personalidad o de energía, o que no desarrolle la más mínima actividad. Mientras estamos vivos, manifestamos los diez factores. Todos poseemos una identidad física, conformada por nuestros rasgos, postura, etcétera, es decir, por nuestra apariencia. Y todos, igualmente, tenemos una naturaleza, o sea, los aspectos invisibles de nuestro temperamento y personalidad, por ejemplo, carácter fuerte, bondad, reticencia, etcétera. Nuestra entidad, que también podríamos llamar identidad fundamental, está compuesta por esos dos aspectos.

La fuerza inherente es el empuje o energía potencial para lograr algún cometido; la influencia representa el movimiento o acción que se genera cuando esa fuerza latente se activa. La causa interna consiste en las posibilidades inherentes a nuestra vida y las tendencias u orientaciones debidas al karma que hemos creado mediante los pensamientos, palabras y acciones en el pasado. La causa externa es el factor que contribuye a activar y hacer surgir la causa interna. El efecto latente es el resultado que se produce simultáneamente en las profundidades de la vida por esa interacción, en tanto el efecto manifiesto es el resultado externo y visible que a la larga aparece. La coherencia del principio al fin significa que los nueve factores son perfectamente coherentes para expresar nuestro estado de vida a cada instante.

Si, por ejemplo, una persona desarrolla un cáncer, la causa interna puede ser un “potencial” genético para que la enfermedad haga su aparición. Mediante la acción de una causa externa, que podría ser llevar un estilo de vida estresante y poco saludable, o tal vez, estar expuesto a la radiación, el gen del cáncer se activa (efecto latente) y, a medida que se propaga por el organismo (efecto manifiesto), la enfermedad se declara. Si bien en ese caso una persona puede caer al comienzo en el estado de Infierno, cuando comprende que tiene la capacidad de desafiar y de cambiar la situación, puede llegar a experimentar una gran alegría, que se manifestará de manera coherente a través de la totalidad de los diez factores.

Los diez factores sirven de marco para analizar cualquier coyuntura. Al considerar una circunstancia dada desde la perspectiva de los diez factores, se puede identificar la raíz del sufrimiento y modificar la situación para que esta se transforme en un motivo de alegría. Los diez factores forman también parte de una concepción teórica más amplia denominada “tres mil aspectos contenidos en cada instante de la vida”.

Al explicar con mayor profundidad, Nichiren señala que los diez factores son de hecho una manifestación de la vida creativa y misericordiosa del cosmos, que él denomina Ley Mística o Myoho-renge-kyo. Percibir todas las cosas como manifestaciones de la Ley Mística de la vida es, por lo tanto, percibir lo que el Sutra del loto denomina “el verdadero aspecto de todos los fenómenos”.

Tal verdad, no obstante, no es motivo para hacer apreciaciones a la ligera, como la de afirmar que alguien es un buda sea cual fuere su estado y aunque no haga el menor esfuerzo para llevar adelante su práctica. Con solo afirmar que la realidad, llena de dificultades y de problemas, es la verdadera entidad de la vida iluminada del cosmos, no se logra elevar el estado de vida  de la gente ni mejorar la condición de la sociedad. En realidad, el verdadero aspecto se debe entender como un potencial que se puede desarrollar. Nichiren enseñó que no bastaba con adquirir una conciencia teórica sobre el verdadero aspecto de la existencia. En ese sentido, exhortó a sus seguidores a abrazar seriamente su práctica budista en medio de las circunstancias que debían confrontar. Solo cuando nos transformamos interiormente y cambiamos nuestro entorno, cuando hacemos brillar nuestro auténtico potencial, somos capaces de revelar el verdadero aspecto de todos los fenómenos es decir, el estado de budeidad, en nuestra vida.

[Basado en el artículo publicado en la edición de octubre de 2000 de la revista SGI Quarterly.]
 
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